lunes, 27 de agosto de 2012

Noticia


Comparto con vosotr@s esta noticia publicada en Lne.es el pasado miércoles 25 de julio de 2012:

El político Alonso de Quintanilla se reencuentra cinco siglos después con su Oviedo natal a cuenta de una exposición sobre su figura que se muestra en el Archivo Histórico. Con él se cumple una extraña y no inhabitual ecuación: a más valía, mayor olvido.



Quintanilla es uno de los grandes personajes de la historia de Asturias y de España, y al tiempo es un personaje desconocido por el gran público. Apenas una calle en Oviedo contigua a lo que fue convento de Santa Clara, que siempre protegió. La exposición puede ayudar a recuperarlo, aunque ciertamente desde el pasado viernes en que se inauguró apenas tiene visitas.

Cartel de la Exposición
Alonso de Quintanilla nació en 1420 en Paderni, a tres kilómetros del centro de Oviedo. Estudió en el monasterio de San Vicente, donde se formó en Derecho y Humanidades, y con 20 años saltó a la corte para encargarse de la educación del príncipe Enrique.

Pero para captar en sólo unas líneas su inmensa talla histórica basta decir que los Reyes Católicos crearon el primer Estado moderno del planeta y que Alonso de Quintanilla fue el arquitecto de esa innovadora y formidable estructura jurídico-política. 

Por si fuera poco, financió de su bolsillo la conquista de las islas Canarias y apoyó económicamente la aventura del Descubrimiento de América. Tras Colón, es seguramente la persona clave de esa proeza. Para entender el olvido en que cayó Quintanilla hay que considerar cómo liquidó el feudalismo que sostenían la nobleza y el alto clero, así que se lo puede considerar como la bestia negra de los grandes poderes retardatarios. Y eso nunca se perdona.Destacado funcionario del rey Enrique IV Trastámara, se convirtió al mismo tiempo en el gran prestamista de la Corona. En las peleas dinásticas cambió de bando y se pasó a la causa del infante Alfonso harto de la corrupción de la corte. Sirvió al poderosísimo marqués de Villena y después lo combatió, como al conjunto de la nobleza. 

Constantino Suárez lo define como una persona que «reunía en alto grado inteligencia esclarecida, vasta instrucción, energía, probidad y desinterés, animados por un profundo patriotismo». Fundó la Fábrica de Moneda de Medina del Campo y entró al servicio de la princesa Isabel en 1469, como contador mayor. Logró para la ya reina Segovia y su alcázar y Tordesillas, siempre turnando las armas y la diplomacia. Sucedió al duque de Alba como alcaide del castillo de la Mota ante la inminencia de la guerra sucesoria con la Beltraneja. Para luchar con Portugal, logró apoyo de la nobleza, que formó el ejército que tomó Toro, y del clero, que aportó plata por valor de 30 millones de maravedíes.

Fue contador mayor del reino -equivalente a ministro de Hacienda-; creó la Santa Hermandad en 1476 para imponer orden y seguridad. Financió la conquista de Canarias en 1480 y fue clave en la toma de Granada, a la que aportó 10.000 combatientes, y en el sometimiento de Navarra. 

En 1493 forma el primer ejército permanente, una auténtica revolución. Hizo, asimismo, el primer catastro de Castilla y reformó la hacienda, dos piezas decisivas del Estado moderno, como el citado ejército estable o una policía formalmente constituida.Una anécdota da idea de la posición de Quintanilla, de su riqueza y de la confianza que le ofrecía la Corona.

 La Reina Isabel había empeñado en Arévalo un valioso collar. Como quería lucirlo en una ocasión solemne y no tenía dinero para rescatarlo, acudió a Quintanilla, que le entregó de su patrimonio personal 60.000 maravedíes.

Tenía una clara visión del Estado moderno siquiera porque fue el primero en construirlo y por eso mismo siempre rechazó poseer títulos nobiliarios: estaba por encima de una clase que había combatido y que ya entonces se consideraba como puro pasado. Falleció en 1500 en Medina del Campo.

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