lunes, 16 de enero de 2012

La batalla por el legado de la duquesa Roja

Compartimos con vosotros esta noticia publicada el sábado 14 de enero de 2012 en El País:

En el palacio de los Guzmanes, en Sanlúcar de Barrameda, residencia histórica de los Medina Sidonia, no vive el heredero de la dinastía, Leoncio Alonso González de Gregorio, de 56 años, 22º duque de Medina Sidonia, conde de Niebla, marqués de los Vélez y marqués de Villafranca del Bierzo. Entre estas cuatro paredes forradas de tapices y recuerdos del ducado hereditario más antiguo de España, concedido en 1445, reina una mujer de su misma edad, Liliane Dahlmann, nacida en Alemania y criada en Barcelona, que compartió con la anterior señora de la casa, Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura (Estoril, 1936; Sanlúcar, 2008), los últimos años de su vida. La Duquesa Roja, como era conocida por su juventud tumultuosa de luchadora antifranquista, se casó con ella in articulo mortis 11 horas antes de expirar. Un matrimonio celebrado en secreto, que sellaba una relación enigmática y aseguraba de cara a los hijos de Isabel la posición de Dahlmann como duquesa viuda de Medina Sidonia y nueva presidenta de la Fundación Casa de Medina Sidonia, creada en 1990.

La Duquesa Roja había ideado antes de morir de un fulminante cáncer de pulmón, a los 71 años, la arquitectura legal necesaria para dejar fuera del alcance de sus tres hijos los bienes transmitidos de generación en generación desde los tiempos de su antepasado Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, héroe de la defensa de Tarifa, en el siglo XIII. Empezando por el palacio de Sanlúcar, declarado monumento histórico artístico en 1978. Y siguiendo con todo su contenido: el mobiliario, tapices, colecciones de arte, algunas de valor incalculable, y, sobre todo, el fabuloso archivo de la casa ducal, integrado por seis millones de documentos, el más antiguo de 1228. Uno de los archivos más importantes de Europa. Luisa Isabel lo donó todo a la fundación, creada en noviembre de 1990, que se convertía así en su legado al mundo, una especie de monumento personal. Pero la fundación, de la que el nuevo duque forma parte como simple vocal del patronato, se ha convertido en un campo de batalla. Los hijos reclaman una parte de ella, la que les corresponde como herencia legítima, aseguran (en total, más del 50%, porque el hijo mayor fue mejorado), y están dispuestos a dar una batalla legal que se anuncia larga y costosa.

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